
Me asombra la capacidad de adaptarme al medio que tengo. En otra vida debí ser cucaracha o lama, porque lo mío no es normal. Y entre las dos opciones, eligo claramente lama :-) la otra me da mucho asco ¡qué le vamos a hacer!.
Sí, definitivamente debí ser lama (las túnicas me favorecen), después de mi retiro de siete años y no en el Tibet, como la pelí del Brad Pitt, sino en un sitio más caluroso, como el levante.
Regreso a mis orígenes después de pasar siete años por tierras valencianas, con todo lo que ello implica. La primera reacción fue de mosqueo... ¡con lo bien que estaba yo! pero claro...si te reclaman para un proyecto empresarial novedoso y con muchas opciones... qué vas a decir?? ... lo imagináis, no?.. pues eso, ahí estamos en la fase de mudanza permanente...
Y es que como prefiero sumar que restar...donde al principio veía inconvenientes ahora sólo veo ventajas:
1.- Como he vuelto a ser madrileña otra vez... ya puedo presumir de casa en la playa!
2.- Ya no tendré que empujar coches en doble fila ;-)
3.- Podré utilizar un tono de voz una octava más baja de lo que hacía (no es cierto, que los valencianos hablen alto, que va!)
4.- Los buenos amigos que he hecho, los mantengo y la lista de visitas ya está programada.
5.- Los amigos que dejé aquí, los mantengo y ya hemos empezado a quedar nuevamente.
6.- Hay muchas más...pero no sé en que caja las he puesto!! (por la mudanza digo ;-))
Y para rematar, siguiendo una de mis máximas, la vida sigue siendo caprichosa por estos lares... encontrarme con una peluquera que ya la quisiera Almodovar, en mi barrio, en una peluquería llena de muñequitas japonesas, con su escaparate lleno de Barbies, y su incontinencia verbal... es la mejor forma de regresar de mis siete años.