sábado, 15 de marzo de 2014

LA PIEL DEL AGUA

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  Como el conejo de Alicia, acudí corriendo reloj en mano a mi cita, con la hora pegada al culo, lancé besos a mis acompañantes y me dejé arrastrar hacia el interior de la sala.
   Un olor intenso se apoderó de mi nariz y apartando telas a modo de laberinto accedí a una pequeña sala llena de cojines y cestos de naranjas. Así era el escenario de la obra de teatro, que ví ayer y de la que formé parte.
   Por cada peladura de naranja, un pensamiento; por cada mondadura que se cosía una prenda. Y envueltas en suaves paños de algodón, pasamos a otra sala, más íntima, dispuestas a dejarnos mojar.
     Veinticuatro mujeres sin apenas conexión con un hilo conductor: el agua sobre nuestra piel. Desnudamos nuestros cuerpos y algunos pensamientos. Cantamos y bailamos. Ya no cuento más ;-)

   De nuevo atravesé el laberinto y salí pegada al teléfono, no sin antes decir al chico que estaba en la puerta:- ¡qué pena que seas hombre!.

   Y esta frase seguro que la comparten las veinticuatro mujeres que por sesión, pueden disfrutar de esta obra de teatro.

   P.D. Chicas, me gusta vuestro aire :-)

miércoles, 12 de marzo de 2014

LA SEMILLA

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   Mi padre me dijo ayer: "Valgo más por lo que callo que por lo que hablo" y tuve que asentir, porque a mi me pasa lo mismo. 

  Llevo días hablando con él, hace poco fue su cumpleaños: 71 años. Fue una celebración rara que acabó no como el rosario de la aurora, porque somos muy educados todos, pero si con muy mal sabor de boca. Al día siguiente fui a verle, tuvimos una conversación sincera y por fin pudimos hablar de algo que teníamos que haber manifestado por lo menos, quince años atrás.

  A veces tener tanta información, en este caso, familiar, te permite ver las cosas desde una perspectiva más amplia y ser objetiva (si es que se puede ser con estos temas) y otra veces, esa misma información se hace pesada y desearías vivir en la más absoluta ignorancia. Hoy sigo callando.

  Aunque deje testimonio de las semillas plantadas no sólo en la tierra (pequeños olivos crecerán, entre otros ya adultos) para que las disfruten sus nietos; y de las que no se ven, salvo cuando asientes a lo que te dice tu padre.