jueves, 16 de noviembre de 2017

RUMBA

0





   Todos los días muero un poco y no es merito mío, sólo se trata de una condición indispensable para cumplir la definición de "ser vivo". Y eso me iguala al resto.

   Lo que me diferencia y cada vez menos, es que me he convertido en un zombi. Ha ocurrido cómo suele verse en las películas de género, poco a poco, sin avisar, hasta convertirnos en legión. Empieza con una petición de firma en la calle contra los recortes y ¡Claro! lo haces. Luego sigue con una suscripción a una revista de tu interés, más tarde, con una radiografía de tu vida laboral en una red social para conseguir trabajo y poco después le das al placer de comprobar cuánto eres de atractiv@ en otra red... Y lo más novedoso, las apps del móvil, una puerta por la que mostrar tus más íntimos dígitos.

   Y cuando quieres darte cuenta ¡ZAS! tus datos personales se han convertido en tu zombi, que sin voluntad propia habita redes sociales, alimenta estadísticas de empresas que cotizan en bolsa, foros de opinión en países lejanos y mediante el rito de la robotización informática, me convierten en un muerto viviente.

   Y yo sólo sueño con ser rumbera y que me canten: no estaba muerta, no,no, no esta muerta, no,no, estaba de parranda...

jueves, 26 de octubre de 2017

LA TETERA DEL GENIO

0

LA TETERA DEL GENIO

Amanecí tarde. El baile de máscaras de Liceu y la compañía de Pere y Joan habían sido de una intensidad desacostumbrada. Padre llamó a la puerta y la Roser entró con el desayuno.
Soplé la taza y me emocioné al recordar las veces que pasé mis dedos por cada una de las filigranas de su inusual azul, mientras madre tostaba el pan que hundíamos en el chocolate de los domingos. Me incorporé y la bandeja con la porcelana acabó hecha añicos en un mar de azúcar. No pude apartar la vista de ellos. Tampoco dejé hacer nada a la Roser. Recogí los pedazos, los limpié de  té y mantequilla y los guardé con amor ¡Eran suyos! Pasé el resto del día sin comer y encerrado en mí estudio, mirando distraído el plano que debía presentar al día siguiente.
 -Qué mala cara traes, Antonio-me dijo Joan.
- ¡Tengo un disgusto! Ya te contaré luego, pero ahora vamos a convencer al cliente
Era nuestra primera colaboración de muchas que vendrían, se trataba del proyecto de reforma y construcción de una portería y unas caballerizas de una finca en Pedralbes. Y como buen herrero que era había diseñado un gran dragón, cuyas garras se podían articular, para la puerta principal. En alusión al poema que le habían dedicado al suegro de nuestro cliente. Un guiño más que evidente para congraciarnos con él y que nos adjudicase la ejecución de las obras.
-¡Cuánto ingenio han desplegado las alas de tu dragón!, amigo Joan, enhorabuena!. Ya lo has oído, en Abril empezamos.
Las obras avanzaban a buen ritmo y las partidas parecían ajustarse como guantes,  no entendía como mis colegas se quejaban tanto. Surcaba un mar de placidez y tranquilidad, hasta que Joan trajo la tempestad.
-¡cinco metros de puerta! Pensé que serían tres pero con el retranqueo de la  portería, se han convertido en ¡cinco metros! ¡No vamos a tener dinero para los remates!
        -No quiero sacrificarlos  Joan, eso es lo que le da personalidad al conjunto. Pensaré una solución…


La primera vez que lo usé causó horror en mi cuadrilla de albañiles y mucho sarcasmo entre mis colegas. Fue un gran reto para mí, buscar una alternativa vistosa y económica. 

Hay colores que se pegan a nuestra vida y nos persiguen. El azul de la porcelana de mi madre, fue el mío que elevé al cielo en cada uno de mis proyectos. ¡Sólo tenéis que mirar los tejados de mis obras en Barcelona!



miércoles, 18 de octubre de 2017

EL COMBATE

0


… 1.- ¡Qué asco! ¡Otra vez el regusto en la boca! 
...2.- ¡Levántate!
…3.- ¡Joder, no puedo ni moverme!
…4.- ¡Inténtalo, campeón!
...5.- Ostia tío, levanta ya
...6.- Serás gilipollas
...7.- Me estoy poniendo muy, muy nervioso
...8.- Joder, no veo
…9.- ¡Levántate, negro!
...10.- ¡Nooo, Réferi, cabrón! ¡No toques la campana!

En los dos últimos combates estabas bien, campeón. Tu juego de piernas rápido y tu izquierda un cañón, si no que se lo pregunten al último que chupó la lona. ¿En qué cojones estabas pensando tío? ¡Levántate ya! ¡Me has jodido campeón!  Lo aposté todo por ti, negro, hasta la indemnización del seguro de Pam.

 Y ¿qué coño es esa luz? ¡No, putos fotógrafos!. Ahora empiezan mis problemas, sabrán que mentí.

martes, 9 de mayo de 2017

FRANKENSTEIN

0

FRANKENSTEIN

    Una semana he tardado en armar la mesa, como si se tratase un mueble  del ikea, de impronunciable al que acompañan unas sencillas instrucciones, en teoría.
    Victor Grippo propone la suya. 

Resultado de imagen de victor grippo la mesa

   Y la mía, es un frankenstein de madera que cobra vida con los impulsos eléctricos de mis neuronas al recordar cada una de sus partes:
    -las peanas cuadradas y robustas de roble, donde jugaba a inventar un mundo diferente para las muñecas que bajo ellas escondía, en el piso de barrio; 
    -un tablero rectangular grande, de formica, que acogió el cuerpo de mi abuelo paterno en su velatorio, en la planta baja de la casa del pueblo; 
    -un tablero, esta vez circular, bajo cuyas faldas calentábamos pies y piernas la tardes de visita a mi abuela materna;
    - el mármol frío de la mesa de la terraza en la casa de veraneo, que invitaba a tomar helados y dejar las mejillas pegadas en las siestas calurosas mientras los demás dormían; 
    - el banco de cocina grande y espacioso, en el chalet, donde mi madre me enseñaba los efectos de la levadura sobre la harina; 
    - las sencillas borriquetas que sustentaban el cristal templado y se convertían en pieza de diseño cuando abandoné el nido familiar para crear el mio. 

    Y por último, la mesa sobre la que escribo, leo y como a diario, herencia familiar de estilo castellano, con sus bases en forma de lira y sujetas por un par de hierros que me recuerdan a las espadas que ocultaban bajo sus capas, los caballeros castellanos.

   En otras mesas más me he apoyado y otras muchas vendrán. ¡Frankestein seguirá.!

jueves, 26 de enero de 2017

NOSOTROS SOMOS EL JARDÍN

0





NOSOTROS SOMOS EL JARDÍN

Eligió la piscina por las manchas de humedad del techo, nadó muchos largos boca arriba hasta que dibujó el mapa de su vida en él.

Llegó puntual y con la parsimonia de los martes y jueves, se quitó la ropa con cuidado, doblándola y amontonándola en la pequeña taquilla que siempre encontraba libre. Se enfundó el bañador deseando alcanzar el agua para que las costuras no le oprimiesen. A pesar de su cojera, sus movimientos eran rápidos, con el gorro ya colocado y  las gafas en la mano en busca de la ducha más cercana, enseguida se zambullía. Entonces dejaba que el agua le cubriese por completo durante unos minutos, dando tiempo a sus oídos a descansar de su jornada al teléfono.

El primer largo siempre a crol, los pies sin parar de moverse y las piernas a un ritmo acompasado con los brazos y el azul oscuro del azulejo en el suelo como guía. El segundo, a braza, acometiendo de nuevo el largo, intentando alcanzar con las manos las anillas de corcho que separan cada calle. Y con el tercero daba comienzo el verdadero viaje, de espaldas, con las gafas sobre el gorro, aleteando sin parar los pies, y los brazos relajados, los oídos sumergidos escuchando el motor de la depuradora y los ojos disfrutando del paisaje, de esas pequeñas manchas de humedad que largo tras largo se convertían en figuras conocidas, en las que iba marcando el mapa de su vida.

 Hasta el cuarto día no vio en la primera mancha una nube, como las de su país en los días de sol: grande y esponjosa. La montaña tardó más en aparecer, necesitó un par de semanas para verla, con tanta claridad, que casi se asustó.

La luz de los jueves era más tenue y bajo el agua, las manchas le recordaban al mar donde se crió. El color del techo, a la tierra de la prefectura de Fukushima, tras el accidente de la central. Los martes trabajaba todas sus articulaciones y grupos musculares, para dejarse fluir los jueves, por un pasado silencioso que sólo encontraba voz en el techo de una piscina.