jueves, 18 de julio de 2013

JAPONEANDO

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O cómo soñar en Japón.


    Y es que la atracción que siento por esa isla viene desde pequeña. Me recuerdo delante del espejo estirándome los ojos, para descubrir cómo era mirar así; con el pijama isleño de Canarias, tipo kimono, que sacaba a paseo en cualquier fiesta de disfraces; con el juego de té y el libro de la Ceremonia del té que me compré con mi primer sueldo, por cierto, libro que me han ido regalando en diferentes idiomas y momentos de mi vida.

   El día que oí en Radio3 hablar del Camino de Kumano Kodo, dije: -Tengo que ir. Y todavía estoy en esa frase ;-).. y es que...parece que para disfrutar de su camino espiritual tengo que transitar otros antes. !En fin! Practicaré la paciencia japonesa.

   Mientras llega el momento de hacer las maletas, disfruto leyendo a Murakami, yendo de concierto a ver a los Osaka Monaurail, construyendo castillos de Muji, teniendo cerca el imán-geisha made in Eva y sus piedras playeras, y aprovechando lo que queda de este año y el siguiente para celebrar el Año Dual Japón-España y esperar a que un japonés guapo y alto me apadrine.



martes, 16 de julio de 2013

NUBOSIDAD VARIABLE

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   Hace tiempo alguien con magia en los gestos me preguntaba: "¿Qué calidades conforman en este momento vuestr@s paraísos?". Tardé en responder; la pregunta disparó mi imaginación durante días.

    Finalmente le escribí lo siguiente:"Mis paraísos, antes eran viajes llenos de aventuras, como los que hacían los ricos de antaño,  ahora mismo pasa por las pequeñas cosas: boli y papel, abrazos de amigos, besos de amor y emoticones en los correos. Emoji"

   A fecha de hoy, sigo pensando lo mismo. Boli y papel porque es el medio donde mejor me muevo, donde expreso cómo me escuece el alma, o qué gestos la acarician, mi día a día, además de cientos de historias inverosiles que necesito contar.
   Abrazos de amigos: fundamentales en mis vidas (si, vidas! que tengo ya para tres o cuatro ;-.)) presumo de ellos y aunque a veces entono el mea culpa por no dedicarles más tiempo, los necesito.
    El título de post, hace referencia concretamente a ellas: las AMIGAS, las que a pesar del tiempo y lo vivido, se vuelven a encontrar; las que necesitan la distancia para hacer más intensa la conexión; las que a pesar de esa distancia, mantienen la conexión intacta; las que aparecen de forma causal y se quedan para siempre; las que manteniendo de largos silencios, responden a la primera llamada. 
   Besos de amor: ¡qué bien saben los condenaós! y emoticones en los correos: en la distancia de teclados, es lo que más me acerca  a los dedos que los escriben.




lunes, 15 de julio de 2013

miércoles, 3 de julio de 2013

MANÍA

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 Siempre andaba mirando al suelo, no era timidez como podrían deducir al observarla, sino la idea infantil de que si fijaba la vista en el pavimento se encontraría dinero.
   Esta costumbre comenzó el día que aparecieron a sus pies un par de billetes de cien de las antiguas pesetas y le había causado muchos problemas en su vida.
   Podía hablar de los diferentes suelos de los países que había visitado y poco de sus edificios más emblemáticos. Era capaz de distinguir perfectamente el adoquín romano del lisboeta, incluso el holandés, apreciar el suelo de madera de la plaza  de Armas de la Habana (con el único fin de minimizar el ruido de los carruajes coloniales) y describir con detalle el óptico parqué del Louvre.
   Por no hablar de sus relaciones con el género masculino, que le atribuían una gran dosis de pudor e introspección en sus paseos, cuando sólo se trataba de una  costumbre infantil.
   Fue consciente realmente de su problema, el día que su novio piloto le pidió matrimonio con un cartel volador; cuando todos su amigos le felicitaron por el enlace y ella no sabía a qué se referían.

   Así que estuvo pensando cómo ponerle fin a esa desafortunada costumbre y el verano fue su aliado. Tenía unas sandalias cómodas, adornadas con unos pompones horribles; pensando cómo darles un nuevo uso, apareció su brillante idea. Los arrancó y en su lugar puso, lo que en la foto se aprecia.

   Así tenía la seguridad, que siempre encontraría dinero, al mirar al suelo. Con esa sencilla acción, pudo disfrutar ese verano de la nueva petición que su novio le hizo, esta vez en globo y con dos copitas de champagne. Mirándole a los ojos, le dijo sí.