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viernes, 15 de mayo de 2020

ELLA









   Unos amigos le habían hablado muy bien de ella, constantemente ponía excusas para conocerla, todavía se estaba lamiendo las heridas de su última relación. Al final y sólo por no oírlos, llamó. La charla fue agradable, enseguida se organizó el modo en que se conocerían, ella iría a su casa.

   De eso ya hacía un mes, nunca había sido ¡tan feliz! La convivencia fluía,  en ese tiempo jamás salió un no de su boca y siempre accedía a sus deseos. Quiso agradecerle tanta atención y preparó un picnic. 

   La primavera temprana había hecho su aparición y bajo la sombra de un par de árboles cercanos, extendió la manta y sobre ella la ensaladilla de cangrejo y la sandía troceada.  

   Parecía estar disfrutando de la sorpresa. A pesar de que sol no le sentaba nada bien, no dijo nada. El líquido de la sandía dio color a sus labios, semiabiertos y duros, una de las pepitas se quedó en su mejilla y él con sumo cuidado se la quito. 

    Después de comer, sacó el termo con café y brindaron en vasos de plástico, preámbulo de una siesta ardiente. Una a una le fue quitando las pepitas de sandía de la espalda, con algunas tuvo que aplicar energía extra, el sudor de la siesta las había solidificado. La desinfló, le pasó un paño borrando los restos de comida y fluidos; y la volvió a meter en la caja, hasta su próxima cita.


martes, 19 de octubre de 2010

LA VIDA ES CAPRICHOSA


Es mi frase.

   Ya no sé si la inventé o ya lo estaba y la hice mía, da igual, el resultado es el mismo: es una verdad como un templo. Y si no,¿ por qué no he podido ir a mi primera clase de teatro? ¿por qué alguien ha decidido morir en las vías de un tren, hoy? ¿Por qué he puesto una nota en un deportivo con  asientos de piel? ¿por qué invité a un desconocido a tomar café a casa? ¿Por qué un africano enseña a bailar salsa a una sudamericana?  ¿Por qué actúan los Lori Meyers por cuatro euros?  Caprichos, casualidades, señales... llamadlo cómo queráis, pero están ahí delante de vosotros.

   Ahí va la lista: De los visibles: el juego de café que jamás me hubieran regalado de no haber venido a Valencia; la cafetera con la receta secreta de la italiana E. la única ausente; las cucharas que después de dos años descubrí que hacían juego con los estores de la cocina; las tazas azules del cumple en el que todos decidieron regalarme bolsos, en un garito en Oporto; los posa vasos de Rodilla que automáticamente relaciono con las bizcoletas de Viena Capellanes (probadlas!); el universo "Hacendado" en forma de sacarina (pido royalties desde aquí), los pies de S. (soriana de un corazón enorme) a la que conocí cuando S. decidió volver; la tónica de A. y el móvil de G. (hermanas que me han enseñado lo que significa que te acaricien el alma), a las que conocí por S.; los pies de B. ( el hombre por descubrir) al que conocí por E; los pies de A. (un diamante en bruto)  la que conocí por E; los pies de E. (mi tocaya, hablamos el mismo idioma)  a la que conocí por V., los pies de S.(mi Amigo) al que conocí por AB, la taza de N. (la dulzura personificada) a la que conocí por E., el vaso con las hierbas ibicencas de cuando tenía otro estado civil, y en el anonimato la taza de A.(el que será mi profe de teatro, si otra muerte no lo impide), el palet de obra de barrio pijo convertido en mesa.

   De los invisibles: el éxito del fuego a pesar de las piezas que sobraron al montar la barbacoa y la hierbabuena seca, el chill-out camaleón, el postre de Ampa, la sesión de trivial, primero el petardo (regalado por petardas también)  y después el serio (regalo de los Reyes y de mis hermanas), el universo porno,  la picaresca española hecha verbo, las clases de salsa sin mujeres, la coña del mechero-ligón, el poder de Africa...

   Y después de todo esto, ¿quien se atreve a decir que la vida no es caprichosa? ¿qué los que compartimos horas, comida, risas, bebidas, juegos, conversaciones, proyectos, ideas, muchas ideas.... no somos más que caprichos?

  




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