martes, 9 de mayo de 2017

FRANKENSTEIN

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FRANKENSTEIN

   Una semana he tardado en armar la mesa, como si se tratase un mueble impronunciable al que acompañan unas sencillas instrucciones, en teoría. Victor Grippo propone la suya y es hermosa, sencilla en su estructura, material y diseño con el único adorno de un cajón.

   Mi mesa, es un frankenstein de madera que cobra vida con los impulsos eléctricos de mis neuronas al recordar cada una de sus partes: las peanas cuadradas y robustas de roble, donde jugaba a inventar un mundo diferente para las muñecas que bajo ellas escondía, en el piso de barrio; un tablero rectangular grande, de formica, que acogió el cuerpo de mi abuelo paterno en su velatorio, en la planta baja de la casa del pueblo; un tablero, esta vez circular, bajo cuyas faldas calentábamos pies y piernas la tardes de visita a mi abuela materna; el mármol frio de la mesa de la terraza en la casa de veraneo, que invitaba a tomar helados y dejar las mejillas pegadas en las siestas calurosas mientras los demás dormían; el banco de cocina grande y espacioso, en el chalet, donde mi madre me enseñaba los efectos de la levadura sobre la harina; las sencillas borriquetas que sustentaban el cristal templado y se convertían en pieza de diseño cuando abandoné el nido familiar para crear el mio. Y por último, la mesa sobre la que escribo, leo y como a diario, herencia familiar de estilo castellano, con sus bases en forma de lira y sujetas por un par de hierros que me recuerdan a las espadas que ocultaban bajo sus capas, los caballeros castellanos.

   En otras mesas más me he apoyado y otras muchas vendrán. ¡Frankestein seguirá.!
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